6 ene. 2010

Otra más.



Estaba de pie y extendió su mano para arreglarse el cabello, pasando sus dedos entre las hebras castañas. La contemplé arreglarse la vestimenta para discimular su escote no tan discreto. Me dispuse a introducir los audífonos en mis oídos para disfrutar de la tranquila melodía que me proporcionaba mi humilde mp3, cuando la observé con aún más atención. Comenzó a buscar entre sus bolsillos entusiasmadamente su teléfono celular y terminar con el estruendoso sonido de las campanadas, me reí por dentro para que no notara mi presencia como espectador de primera fila, al fin logró encontrar su móvil, contestó, y luego ,muy contenta, colgó. Sacó un cigarrillo, lo posicionó en sus labios, volteó y me hizo un gesto de "¿tienes fuego?" con los dedos. Registre mi bolsillo de la chaqueta, extendí mi brazo y lo acerqué al extremo del cigarrillo con el encendedor y la llama en alto. Luego de unos segundos de darme las gracias sin poder escuchar su tono de voz, recibió un disparo en la sien por accidente, la vi desplomarse frente a mis ojos sin reaccionar en modo de ayuda. Congelado por el acontecimiento recordé que ese día viernes era el día en que los accidentes son normales.-
Once del Nueve.

5 ene. 2010

Stgo en noventaitrés palabras


Se sube a la cuncuna santiaguina, pide un poco la atención de los oyentes y enseguida coge la guitarra para afinar las cuerdas. En cosa de segundos comienza a entonar el canto improvisado que planea en su mente picarona, y grita fuertemente con entusiasmo: "ayer te vi con otro, debajo del puente Mapocho, por eso perra maraca y puta, me subo a la micro a gritar tu nombre!". Al ver la cara estupefacta del público entre risas, pensé que tal vez en esta ocación se haría unas cuantas monedas extra por ser comediante.


El Canta Autor.-