7 jul. 2009

Rutina Improvisada.


LLevo semanas diciéndome a mi misma que tengo ganas de escribir de nuevo, mientras viajo en la micro que me lleva ya sea desde mi casa al instituto o viceversa, con mis audífonos reproduciendo músiquita que me alegra o me hace recordar, ese playlist que escucho en aleatorio mil y un veces y sigue siendo igual. Me la paso mirando caras desconocidas por más de quince minutos, aguantando la turbulencia que provocan las carreras de micros transantiaguinas que llevan dentro a quizá cuántos pasajeros, los que saltan lejos como si fueran una especie de muñecos Muppet cuando el micrero trata de esquivar al taxista desubicado que se le adelantó en el camino de los buses, los miro y me da risa verlos tan apurados corriendo como hormigas obreras que caminan con pesadas cargas a diario para poder satisfacer las órdenes de una reina; una de cabellera rubia (al menos eso creo), lentes anticuados y con mal gusto para vestir. Sigo mirando hacia el frente y observo como se detienen todos los vehículos delante del semáforo que alumbra en rojo, miro mi reloj y comprendo que no alcanzaré a llegar a tiempo a donde debo, es diferente cuando vas al lugar donde de verdad quieres o deseas estar, te preocupas de llegar a una hora correspondiente, en el transcurso del viaje te emocionas en cuanto el tiempo se va reduciendo a ese momento exacto, solía sentirme así, ahora ya no tanto o quizá nada. Al final me bajo de la micro y camino para seguir con el itinerario semanal: caminar, alcanzar la siguiente micro y tratar de llegar al lugar donse se encuntran esas personas que te hacen reír y te distraen un rato mientras inhalas el humo del cigarrillo, tus amigas.


Siento mucho no haber puesto más coherencia en esto y me comprometo a actualizar esta cosa de blog, a pesar de que nadie se dedique a leerme.-