6 ene. 2010

Otra más.



Estaba de pie y extendió su mano para arreglarse el cabello, pasando sus dedos entre las hebras castañas. La contemplé arreglarse la vestimenta para discimular su escote no tan discreto. Me dispuse a introducir los audífonos en mis oídos para disfrutar de la tranquila melodía que me proporcionaba mi humilde mp3, cuando la observé con aún más atención. Comenzó a buscar entre sus bolsillos entusiasmadamente su teléfono celular y terminar con el estruendoso sonido de las campanadas, me reí por dentro para que no notara mi presencia como espectador de primera fila, al fin logró encontrar su móvil, contestó, y luego ,muy contenta, colgó. Sacó un cigarrillo, lo posicionó en sus labios, volteó y me hizo un gesto de "¿tienes fuego?" con los dedos. Registre mi bolsillo de la chaqueta, extendí mi brazo y lo acerqué al extremo del cigarrillo con el encendedor y la llama en alto. Luego de unos segundos de darme las gracias sin poder escuchar su tono de voz, recibió un disparo en la sien por accidente, la vi desplomarse frente a mis ojos sin reaccionar en modo de ayuda. Congelado por el acontecimiento recordé que ese día viernes era el día en que los accidentes son normales.-
Once del Nueve.